Este fotoensayo fue realizado durante el Primer Encuentro Internacional de Tatuaje y Marcas Ancestrales Indígenas en el territorio Wayuu, La Guajira, dentro del marco de la campaña de impacto del documental “Buscando las Marcas del Asho’ojushi”. En este espacio de intercambio, tatuadores y tatuadoras indígenas de Nueva Zelanda, Colombia, Panamá y Ecuador compartieron saberes sobre el sentido espiritual, cultural y político del tatuaje y pintura corporal como práctica viva.
Las imágenes registran el gesto íntimo del trazo sobre la piel como un acto de conexión con el pasado y el futuro. Cada marca es un lenguaje que nombra la pertenencia, la historia y el vínculo con los ancestros y ancestras. La piel se convierte en superficie de diálogo entre generaciones, entre pueblos y entre mundos.
El fotoensayo propone una mirada sensible sobre el cuerpo como territorio simbólico donde se inscriben los sueños, la espiritualidad y las luchas por la continuidad cultural. Manos que trazan caminos, miradas que transmiten memoria, cuerpos que resguardan historias. En cada imagen se revela una práctica de cuidado, de escucha y de afirmación colectiva.
Desde 2019, el Colectivo Asho’ojushi impulsa la investigación y difusión del tatuaje tradicional Wayuu, abriendo espacios para la memoria, el reconocimiento y la continuidad de los saberes ancestrales. Este trabajo se inscribe en ese proceso como testimonio visual de un diálogo intercultural que entiende el cuerpo como archivo vivo y territorio en resistencia.

Su concentración es la de quien escucha lo invisible. El cuerpo se convierte en un espacio de silencio donde la memoria despierta.

Las marcas trazan un diálogo silencioso entre dos cuerpos que se reconocen en la memoria de sus pueblos.

Técnica, espiritualidad y pertenencia del pueblo kichwa de Sarayaku que dialogan con el pueblo Emberá.

Marcar la piel es afirmar una historia que se niega a desaparecer.

Un joven del pueblo Nasa comparte su saber con un mayor del pueblo Matis de Brasil. El tatuaje se vuelve un puente entre generaciones, donde la memoria camina hacia el futuro.

La Guajira es testigo del encuentro de pueblos que han resguardado su sabiduría como semillas de resistencia frente a la colonia y el exterminio. Hoy, sus cuerpos hablan para recordarnos que la lucha continúa.







